Un abrazo
Hay momentos en nuestra vida en donde estamos mal, no sabemos lo que ocurre, nos sentimos solos, tenemos un nudo en la garganta, no sabemos que hacer, comenzamos a imaginar cosas que ni existen, nos comemos el coco dando vueltas y vueltas a lo mismo, cerramos nuestro corazón a los demás, no tenemos ganas de levantarnos por la mañana, los chistes no te hacen ni gracia, alrevés, te dan corage, te undes en la rutina de cada dia... Todo esto está dentro de tí y no sabes cómo reaccionará otra persona al escucharte. Al estar tan mal cuando comienzas a decir lo que te pasa ya no puedes parar, comienzas desde el principio hasta el final. La otra persona asiente, te observa todo el rato y espera a que acabes, a que te desaoges, a que liberes todo lo que tienes dentro y cuando por fin terminas no te dirige palabra alguna, si no, hace un gesto, un movimiento extraño, inesperado, un movimiento que nunca hubieras pensado que hubiera sido tan poderoso, que tuviera tanta fuerza. Un abrazo. Te miró, te sonrió y habrió sus brazos para luego cerrarlos alrededor tuya y espachurrarte y no dejarte respirar. Sentiste que te comprendía, sentiste en el abrazo un gran consuelo, sentiste que te quería ayudar, sentiste que tú le importabas, sentiste saber que siempre estaría ahi y sobre todo sentiste que desde ese momento el abrazo iba a ser tu mejor medicina.









